ELLE.mx: Lo que nadie te va a contar de vivir en Nueva York

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Empiezo a escribir estas líneas, sintiendo un nervio en el estómago y sin saber por donde empezar. Nueva York ha sacado lo mejor y lo peor de mi.  Lo único que se me viene a la cabeza es esa niña que les conté llena de sueños pero que también, tuvo que dejar muchas cosas atrás para poder mudarse a Nueva York. Entre ellas: una familia, una casa, un millón de amigos, un novio y todo tipo de estabilidad y comodidades, que había construido a mis 23 años.

Esta es la historia de cómo empecé de ceros en la ciudad más difícil del mundo sin morir en el intento.

Todo empezó un día que la curiosidad no me dejaba dormir. Apenas con un mes de haberme graduado, decidí mandar mi currículum a los lugares en donde soñaba trabajar en Nueva York. Lo veía tan lejano e imposible, que les juro reía solo de imaginarlo. Era sin duda, algo inalcanzable. Pero dicen que un escritor es la suma de sus experiencias y desde que esa frase llegó a mi vida, me he dedicado a sumar experiencias y no restar.

Justo por estas fechas hace dos años, llena de incertidumbres y miedos, empaqué mis maletas con destino a Nueva York, después de recibir el correo que cambiaría mi destino. ¿Se imaginan mi emoción cuando leí  ese correo diciéndome que les encantaría entrevistarme para un internship? No pude dormir por días.

Fui a la entrevista y después de tocar muchas puertas, terminé trabajando para Rolando Santana, uno de los diseñadores mexicanos más exitosos en Nueva York y a quien aprecio mucho, fue el primero en creer en mí. Todos ubican la película “El diablo viste a la moda“, ¿verdad? Pues les sorprenderá leer que para mí es PG13 comparada con la vida real. Tuve la oportunidad de ser asistente personal de uno de los más renombrados fotógrafos de belleza y moda en el mundo. Al mismo tiempo, asistía a la directora de Estados Unidos de Agatha Ruiz de la Prada y durante los fines de semana, trabajaba en mi blog, Dear Milano.  Entre lágrimas y risas, había días que me decía a mi misma “Algún día todo este esfuerzo valdrá la pena“. Recordaba con nostalgia mis días cuando estudiaba dos carreras y fue gracias a eso, que encontré la fuerza para seguir adelante.

¿Les cuento lo más bonito que nadie les va a decir? El 90% de los jóvenes emprendedores que he conocido en Nueva York, sin importar la nacionalidad, no tienen ni la menor idea de cómo van a pagar su renta el próximo mes, pero no se dan por vencidos. ¿Quieren saber cuál es el secreto? Siempre se enfocan en las soluciones y no en los problemas. Se enfocan en el: “¿Qué tengo que hacer para tener un mayor ingreso?“, “¿Cómo le voy a hacer este mes?“ Y no les importa trabajar días extra –de lo que sea-, con tal de sustentarse y poder trabajar en su vocación aunque la mayoría de las veces, sea gratis.

Por algo dicen que es la ciudad más difícil del mundo. Adiós comodidades, adiós confort de casa, adiós comida recién hecha de mamá, adiós compañía, adiós estabilidad.

En mi experiencia, el dinero no compra valor, ni perseverancia, mucho menos éxitos. Los éxitos se trabajan y cuestan mucho. Todos vivimos una lucha diaria y detrás de cada decisión, existe un sinfín de sacrificios. El problema es que la mayoría de las veces cuando vemos casos de éxito, nos enfocamos solamente en los resultados y no en lo que esa persona tuvo que sacrificar para poder llegar. Ningún éxito llega fácil –y tampoco rápido- se requiere mucho valor, trabajo y determinación y ni todo el dinero del mundo, lo puede comprar.

El dinero no compra el tiempo perdido con tu familia, ni las innumerables veces que te cierran la puerta y no te dan la oportunidad. El dinero tampoco puede comprar compañía cuando estás viviendo el invierno más frío de la historia de Nueva York.

Pero cada uno de esos sacrificios valen la pena y te obligan a preguntarte todos los días, “¿Qué tanto estoy dispuesto a sacrificar?“

En un mismo día, vives lo mejor y lo peor que te ha pasado en tu vida. Esto, es lo que nadie te va a contar de Nueva York. La mayoría pensará que todo es color de rosa, como en las películas. Pero va más allá de “Sex and the City“ o “Breakfast at Tiffany´s“. Si algún día, decides subirte al barco y lanzarte a vivir en la ciudad más emblemática de la historia, te dejo 5 consejos que espero de todo corazón, te ayuden a lograrlo aunque el camino no sea fácil.

1.  Ten tu objetivo claro y prepárate. Esto tiene mucho que ver con lo que les conté en mi artículo anterior. No te limites y enfócate en las soluciones. Prepárate con todas las herramientas que tengas a tu alcance y ten muy claro tu objetivo. Recuerda siempre: soluciones, no problemas.

2. El que quiere, puede. Haz un plan y ponle fechas. Investiga cuánto cuesta el vuelo, tu estancia por un mes -o el tiempo que quieras estar- y activa tu espíritu emprendedor para trabajar y empezar a ahorrar mes tras mes, por el tiempo que sea necesario, y lograr tener un sustento económico durante tu estancia en Nueva York.

3. Haz una lista de los lugares que te gustaría trabajar y no te canses de tocar puertas. Te van a decir mil veces que no, te lo digo por experiencia, pero si tienes la determinación de seguir tocando puertas, te aseguro que alguien te dará el sí. Busca tus oportunidades, no las esperes.

4. No te desanimes. Si les contara la cantidad de correos que recibí de empresas diciéndome que no, se asustarían. La clave está en mandar tu currículum no solo a 10 lugares, mándalo a todos. Si algo he aprendido de las personas que he conocido en Nueva York, es que han tocado más de cien puertas, aunque lo creas imposible, es real.

5. No pierdas de vista el objetivo. La única forma de salir adelante, es nunca perdiendo de vista el objetivo inicial. Ese será tu motor primordial y jamás debes perderlo de vista. A mi me funcionó mucho pegar post-it’s por toda mi casa, solo como un recordatorio diario del porqué tenia que aguantar a pesar de cualquier sacrificio o incertidumbre. Al final del día, Nueva York te obligará todos los días a preguntarte… ¿Qué tanto quieres esto?, ¿Qué tanto estás dispuesto a sacrificar?

Te deseo el éxito del mundo y no olvides, que ninguna situación puede dictar hasta donde TU QUIERES LLEGAR. Como decía T.S. Eliot, “Sólo aquellos que se arriesgan a ir demasiado lejos pueden descubrir hasta dónde se puede llegar.“

¡Te veo el próximo domingo!

Con mucho amor,

Dear.