NEW SPACES.

NEW SPACES.

Dear readers,

Acabo de pasar una semana increíble rodeada de todas mis amigas en una cabaña a menos doce grados. Era irreal despertar con un paisaje lleno de nieve. Nuestra única actividad: platicar, cocinar, leer, tomar vino, té, dormir. Al día siguiente se volvía a repetir. Lo mas increíble fueron las risas. De esas risas que ya no se escuchan. De las que te tiras al piso y no te puedes levantar y te levantas al día siguiente con dolor de abdomen. En el tren de regreso, una de ellas me compartió esta lectura. Lo único que pude pensar fue que después de cuatro meses en Nueva York tratando de buscar una definición, por fin la había encontrado.

¿POR QUÉ NOS CUESTA TANTO TRABAJO “DEJAR IR”?

POR ISOLDA RODRIGUEZ

En el Instituto Gestalt comparaban los círculos abiertos con las ganas de hacer pipí: esa urgencia que reclama nuestra atención en momentos inesperados y nos roba la concentración, nos distrae, nos incomoda. De nada sirven nuestros esfuerzos por ignorarla, no nos deja en paz sino hasta ir al baño y poner punto final al asunto. Lo mismo sucede con los círculos abiertos, aparecen intermitentemente en nuestras vidas, provocándonos sensaciones, miedos, urgencias que a veces no comprendemos y que con frecuencia nos llevan a tomar decisiones contradictorias entre lo que queremos y lo que hacemos. Nos hacen decir que “sí” cuando queremos decir que “no”, nos provocan culpa, insomnio y deseos de revancha, nos llevan al Sur cuando nos habíamos propuesto ir al Norte.

Cerrar círculos es concluir experiencias del pasado que interfieren en nuestro presente: emociones que congelamos, pérdidas no aceptadas, duelos inconclusos, resentimientos, reconocimientos no recibidos, pensamientos no confesados, perdones pendientes, besos no dados, adioses no expresados, rupturas a medias, culpas no expiadas, rencores silenciados, sueños no cumplidos, secretos escondidos, rabias no expresadas, muertes no lloradas, amores frustrados, responsabilidades no asumidas y todo aquello que se haya quedado sin concluir en nuestra vida y que condicione la libertad y armonía de nuestro ahora.

Es fácil decir: cierra el círculo. Pon un punto final. Dale vuelta a la hoja, pero hacerlo no es tan fácil como quisiéramos.

¿POR QUÉ CUESTA TANTO SOLTAR, DEJAR IR, CONCLUIR LO QUE YA TERMINÓ?

Somos educados para el “no-cambio”, para tener un nombre para siempre, una profesión para siempre, una casa para siempre, un esposo para siempre, unos hijos para siempre. Nos repiten hasta el cansancio que el chiste es construir una vida firme. Una vida que no se mueva ni con huracanes.

Nos convencen de que el juego de la vida es acumular, guardar, tener, poseer, retener. Y que al final ganará quien haya logrado acumular más: relaciones, dinero, reconocimientos, poder, salud, objetos, fama, experiencias o lo que sea. Así que cuando una etapa termina, o la vida nos quita lo que hemos logrado acumular, o alguien parte, sentimos que perdemos, que nos van a sacar del juego. Nos sentimos solos, inseguros, asustados, no amados, vulnerables.

Así que cuando algo se termina en nuestra vida dentro de su ciclo natural, no queremos irnos, ni soltar, ni dar vuelta a la hoja, aunque al quedarnos enganchados en ello, perdamos la tranquilidad, la alegría, la libertad.

Y así vamos en la vida, manteniendo relaciones que no funcionan, haciendo trabajos que no nos gustan, viviendo en una casa que nos queda grande. No sacamos del closet ropa ni zapatos que ya no usamos, guardamos papeles y libretas con apuntes de hace años, cartas de novios, fotos, recaditos en servilletas, archivos electrónicos de temas que ya no nos interesan. No tiramos los empaques desechables, ni sobrantes de comida. Guardamos todo por si acaso. No queremos soltar nada, nadita de nada.

Y como si esto fuera poco, no solo retenemos objetos o personas, también guardamos resentimientos, culpas, enojos, rencores, recuerdos dolorosos.

En lugar de asumir que cuando algo finaliza es porque ese ciclo ya terminó. Que vivimos aprendimos, dimos y recibimos lo que tenía que ser y que ahora necesitamos nuevos espacios, nuevos ciclos, nuevos experiencias que nos lleven a seguir evolucionando.

“A veces la vida tiene que darnos una patada. Hacer que algo suceda, para que yo dejar ir lo que ya no tiene que ver con mi vida y hacer espacio para lo nuevo. Mi esposo se enamora de otra, me corren del trabajo, se me borran los archivos de la computadora, aparece una enfermedad. Entonces me pregunto ¿qué hice mal? No atino a pensar que esa etapa se terminó y que necesito espacios, nuevos espacios.” (Rodriguez, Isolda 2013)

Photos by Ashley Frangie